Hay una cosa que me inquieta desde hace algún tiempo, y es la proliferación descontrolada (por nosotros) de etiquetas RFID en los diferentes productos que consumimos o incluso en los servicios de los que hacemos uso.
Me refiero a productos tecnológicos, de informática, pero también a productos de uso cotidiano, CDs de música, ropa, o incluso abonos de transporte, tarjetas de identificación, etc.
Existen varios tipos de etiquetas RFID con diferentes características, pero todas tienen dos en común, una es la de ser leída a distancia. Es decir no se necesita un contacto directo para obtener la información de la etiqueta. Y la otra característica común, es que es posible su reprogramación, es decir que puede utilizarse para almacenar información una vez la tiene el cliente.
Y si atas cabos, nace una teoría conspiranóica, los productores en origen añaden estas etiquetas a los productos que nosotros consumimos con el fin de evitar que se extravíen lotes de productos, y alguien mal intencionado podría utilizar la información en las etiquetas RFID para saber nuestros hábitos de consumo. O bien, en el caso de las tarjetas con chip RFID, podrían conocer nuestros horarios de trabajo o los medios de transporte que usamos sin ni siquiera preguntarnos.
Todo esto parece una idea descabellada, se supone que la información irá cifrada y que no será fácil obtener la información de las etiquetas. ¿o no?
Continuará…


